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Facultad de Artes

Columna de opinión del prof. Héctor Ponce de la Fuente

El teatro y la educación

Héctor Ponce de la Fuente es académico del Departamento de Teatro e integrante del Observatorio de Políticas Culturales de la Facultad de Artes.

Héctor Ponce de la Fuente es académico del Departamento de Teatro e integrante del Observatorio de Políticas Culturales de la Facultad de Artes.

En el marco de la celebración de la Semana de la Educación Artística, el académico del Departamento de Teatro e integrante del Observatorio de Políticas Culturales de la Facultad de Artes (OPC Artes), prof. Héctor Ponce de la Fuente, reflexiona en torno a la relevancia del teatro en la educación. "En un contexto donde precisamente la desafectación de las solidaridades prevalece por sobre las ganas de constituir colectivo, el Teatro aparece como un medio destinado a abrir espacios de entendimiento, de rearticulación de un tiempo común", señala.

La relación entre Teatro y Educación es de una urgencia que resulta difícil obviar. Casi de manera natural, el Teatro es convocado por la Educación toda vez que se habla de responsabilidad, de colectivo, de ética de la solidaridad y respeto por el otro. Entonces, en un contexto donde precisamente la desafectación de las solidaridades prevalece por sobre las ganas de constituir colectivo, el Teatro aparece como un medio destinado a abrir espacios de entendimiento, de rearticulación de un tiempo común. Junto con liberar sensibilidades y desechar los prejuicios, el Teatro puede aportar innumerables aspectos de interés para docentes y estudiantes, siendo uno de sus más significativos alcances el de poder producir fraternidad en un mundo que, como sostiene François Dubet, prefiere la desigualdad (aunque precisamente digamos lo contrario). Así, en palabras suyas, “la intensificación de las desigualdades procede de una crisis de las solidaridades, entendidas como el apego a los lazos sociales que nos llevan a desear la igualdad de todos, incluida, muy en particular, la de aquellos a quienes no conocemos” (2015, 11)[1]. De ahí la pertinencia, entonces, de las prácticas asociadas al campo teatral y la posibilidad cierta de darles cabida en el entorno educativo. Si abrimos espacios de diálogo entre comunidades, tendremos seguramente la posibilidad de articular experiencias comunes donde el teatro pueda servir de impulso para producir fraternidad. Hay que transitar de la abstracción a un lugar más social, pensando en que con ello aportaremos en entendimiento y en ganas –reales- de entrar en una relación social con el otro.

Tiempo antes que Dubet, en un ensayo muy sugestivo como premonitorio, Richard Sennett hablaba de la escasez de respeto como una condición muy propia de una sociedad dada a la discriminación del reconocimiento. Decía, al respecto, que “la falta de respeto, aunque menos agresiva que un insulto directo, puede adoptar una forma igualmente hiriente. Con la falta de respeto no se insulta a otra persona, pero tampoco se le concede reconocimiento; simplemente no se la ve como un ser humano integral cuya presencia importa” (2003, 17)[2]. Si el respeto y la igualdad de oportunidades aparecen, hoy en día, irremediablemente debilitados, es porque a mi juicio la educación ha dejado de ser un proyecto de colectivos humanos para ser, en el lenguaje florido de los tecnócratas de la eficiencia, un esquema estadístico tendiente a objetivar parámetros más que a generar subjetividad, pensamiento crítico, diálogo entre comunidades. Por eso entendemos que el Teatro es una oportunidad de insubordinar ese orden doxástico, petrificado, con el que se disfrazan las mediciones que definitivamente ocultan la enorme distancia que media entre unos pocos, favorecidos por el capital cultural y simbólico, y otros, la mayoría, que denuncian una deuda de la que somos -todos, absolutamente- responsables en la medida que hacemos de la universidad un espacio endogámico y carente de empatía por las problemáticas sociales.

El Teatro tiene en esencia una vocación comunitaria y un espíritu de mediador entre lo propio y lo ajeno. Es tal sentido de lo común lo que urge restablecer en tanto práctica verdaderamente política. Por eso sostenemos que el Teatro debe dialogar con la Educación, porque efectivamente tenemos una responsabilidad ética de la que hacernos cargo.

Prof. Héctor Ponce de la Fuente
Académico del Departamento de Teatro
Integrante de OPC Artes, Facultad de Artes

[1] Dubet, François. ¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario). Trad. de Horacio Pons. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2015.
[2] Sennett, Richard. El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad. Trad. de Marco A. Galmarini. Barcelona: Anagrama, 2003.

Comunicaciones Facultad de Artes

Lunes 15 de mayo de 2017

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