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Facultad de Artes

Francisco Sanfuentes sobre proyecto que busca regular el arte urbano:

"Es volver a la lógica del arte subordinado al poder"

La moción ingresada por el diputado Luciano Cruz Coke pretende distinguir el arte gráfico urbano o arte callejero de los rayados, tags o grafitis.

La moción ingresada por el diputado Luciano Cruz Coke pretende distinguir el arte gráfico urbano o arte callejero de los rayados, tags o grafitis.

 Arte y espacio público es una relación, por lo tanto siempre es un conflicto , plantea el profesor Francisco Sanfuentes.

"Arte y espacio público es una relación, por lo tanto siempre es un conflicto", plantea el profesor Francisco Sanfuentes.

El arte no es delito, versa un rayado en la comuna de Renca.

"El arte no es delito", versa un rayado en la comuna de Renca.

El acto de rayar la calle es un acto de apropiación, es un acto de subsistencia en un contexto de una ciudad y una sociedad que le es hostil, señala el académico.

"El acto de rayar la calle es un acto de apropiación, es un acto de subsistencia en un contexto de una ciudad y una sociedad que le es hostil", señala el académico.

Luego del ingreso de la moción que "Regula el arte gráfico urbano, establece condiciones para su desarrollo y sanciona rayados no autorizados" en la Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones de la Cámara de Diputados, se ha abierto el debate en torno al impacto de una medida como esta, que para algunos busca criminalizar estas prácticas artísticas, y para sus gestores, plantea una nueva forma de armonizar la ciudad.

Fue el 12 de junio que el diputado y ex ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke, presentó la moción que “Regula el arte gráfico urbano, establece condiciones para su desarrollo y sanciona rayados no autorizados”. Si bien no es el primer proyecto que pretende abordar esta materia presentado en los últimos años, esta medida tiene especificidades que buscan “definir las condiciones en que será legal hacer arte urbano, y establece sanciones para quienes realicen cualquier intervención sin tener la autorización municipal o privada correspondiente”, según plantea.

El proyecto además, “pretende distinguir el arte gráfico urbano o arte callejero de los rayados, tags o grafitis, promoviendo los primeros y desincentivando los segundos”.

A esta medida se suma el “Proyecto de Ley de Conductas Antisociales”, firmado por Sebastián Piñera, el que sancionará y aumentará las penas para prácticas que afectan la convivencia ciudadana, entre éstas, los grafitis, indicando que quienes los realicen de manera no autorizada arriesgan multas y penas de presidio.

¿Es posible distinguir y delimitar antagónicamente ambas realizaciones desde la institucionalidad? Es lo que responde el profesor del Departamento de Artes Visuales y actual vicedecano de la Facultad de Artes, Francisco Sanfuentes.

Con estas dos iniciativas que buscan regular esta dimensión, ¿qué señales están dando?

Primero buscan la normalización y la subordinación de algo que en esencia no es subordinado, que es el arte o las artes. Bordea en la superficialidad y en la ignorancia respecto de la naturaleza del hecho artístico.

El arte siempre estuvo ligado a ciertas manifestaciones del poder político, del poder religioso, o sea, los sistemas de creencias que todos debían asumir, pero ya en el siglo XIX en adelante, el arte se define también por su insubordinación, por ir más allá “de”, por no someterse a parámetros previamente establecidos o definidos, entonces estas apuestas son una subordinación al aparato del poder.

Cuando me refiero a los artistas lo hago tanto a los reconocidos, con formación universitaria, como al poeta callejero, porque arte no solamente tiene que ver con el artista legalizado o acreditado bajo cierta institución, sino que también a aquel que a través de algún medio o recurso, materializa las conciencias de mundo, de su mundo. A través de la palabra, del sonido, de la imagen, del movimiento -lo que sea-, ese sujeto se puede entender aunque no se quiera llamar a sí mismo artista, como tal. Entonces, normar eso de alguna manera es integrar, es matar su efectividad.

El proyecto se refiere al despliegue de estas prácticas en el espacio público. ¿Qué pasa con tal especificidad?

Arte y espacio público es una relación, por lo tanto siempre es un conflicto. No siempre el espacio público de la calle recoge y se articula con estas expresiones. A veces la calle rechaza, a veces la calle no está esperando aquello que el artista va y quiere hacer. A veces el arte va y se relaciona con el espacio público y lo resignifica. Se genera una relación que a veces es tensa. A veces el arte devela lo que ahí sucedía, devela lo que ahí pasa, devela condiciones sociales pequeñas o mayores.

Entonces, cuando se habla de arte público en este proyecto se está hablando de una noción institucionalizada, se está hablando de una suerte de arte que está pasado por la institución. Es volver a la lógica del arte subordinado al poder.

Se busca clasificar y diferenciar las diferentes prácticas del arte en el espacio público.

Claro, se está revisado de acuerdo a ciertos parámetros que van a depender o del municipio o de un jurado que cataloga lo que es arte y lo que no es arte, e incluso siendo arte van a catalogar lo que a ellos les parece pertinente, pero, ¿desde qué punto de vista? ¿De una educación? ¿De unos valores?

En general nos encontramos con discursos superficiales. Esto demuestra, primero, ignorancia sobre el hecho artístico, que puede ser conflictivo, que puede a veces rayar en lo vandálico, pero el arte tiene que ver con esas cosas también.

“Regula el arte gráfico urbano, establece condiciones para su desarrollo y sanciona rayados no autorizados”, es el nombre del proyecto. ¿Qué efectos podría tener establecer estas condiciones?

Hay discursos dentro del arte callejero, de la gráfica callejera, que se sostienen desde una suerte de ideología del salvajismo y la libertad. El acto de rayar la calle es un acto de apropiación, es un acto de subsistencia en un contexto de una ciudad y una sociedad que le es hostil.

Eso está en la historia del arte desde los primeros rastros de las imágenes en las cavernas. Frente al caos que no puedes controlar, frente a un universo que es tremedamente enigmático y aterrador, en la lucha por la sobrevivencia comienzan a aparecer estas expresiones gráficas. Se pinta al animal para apropiarse de él. Se estampan manos para apropiarse de este espacio. Tiene que ver con un gesto que es esencialmente humano frente a la hostilidad de su entorno.

Está claro que Santiago es un espacio absolutamente hostil si pensamos esto desde el punto de vista social, cotidiano, encubierto por el mercado porque está encubierto siempre, encubierto en la zapatilla, en la luz del brillo del mercado, entonces éstas son formas de identificación, de marcar el territorio, el propio mundo para sentir que habito un espacio del cual tengo una injerencia, y que no soy solamente un sujeto que nos mueven de un lado a otro y que soy incluso indeseado dentro de ese mismo contexto.

Que eso sea artístico se puede discutir. Pero antes de lo artístico está lo poético. Aquel que escribe una palabra, una frase –lo que sea- en la calle, que está pensando algo. Quizás no se constituye como arte en un sentido institucional, pero sin embargo los muros son como páginas que hay que escribir. El mismo Mono González, a propósito del trabajo muralista que se hace en los años ‘60 y ‘70, hablaba de que los muros eran los espacios para los titulares de la prensa socialista. Cuando te niegan canales de expresión, te expresas en la calle.

¿Qué quiere decir lo poético?

El acto poético lo desarrollamos todos constantemente, todo el día. Que eso se constituya en arte en el sentido formal e institucional es otra cosa. Desde el momento que intento nombrar o renombrar las cosas, develarlas -cuando me refiero a las cosas me refiero a lo subjetivo, lo que se agita al interior de uno, lo que se padece o lo que padece otro, social o colectivamente, etc.- yo ya estoy realizando lo que podríamos llamar poético. Un acto poético que obviamente se transforma en político porque tiene que ver con un colectivo, porque está en la calle.

Reivindicar la subjetividad, reivindicar la individualidad, reivindicar el quiebre con cierta masa neoliberal es un acto político y es un acto de resistencia en el momento que se vive. Resistencia que ya no sufre el castigo de la pólvora como antes, sino que cierto tipo de prohibición, adaptación, ingreso al sistema. Así se neutraliza, ¿en aras de qué? Del orden, del aseo y el ornato.

El proyecto distingue y define al TAG y grafiti como algo negativo mientras que el arte callejero se presenta como algo positivo, relacionado al turismo. ¿Hay un utilitarismo?

Eso es aseo y ornato. Ornamentar la ciudad. ¿El aseo y ornato tiene que ver con el arte? No. ¿El aseo y ornato tiene que ver con lo poético, que es el sostén que nos da significación a la existencia? No. Porque sin conciencia poética de los hechos no existe ni siquiera la historia. Eso es aseo y ornato. ¿Qué tiene que ver con turismo? Tiene que ver con una especie de autoimagen que se tienen cada uno respecto a su sociedad etc. pero  básicamente eso no es arte.

Texto: Francisca Palma
Publicado originalmente el 25 de julio

Viernes 27 de julio de 2018

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