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Facultad de Artes

El martes 14 de enero de 2020

Prof. Rodrigo Zúñiga lanza su libro "Mazinger y otros poemas"

Prof. Rodrigo Zúñiga lanza su libro Mazinger y otros poemas este martes 14 de enero en Espacio Estravagario.

Prof. Rodrigo Zúñiga lanza su libro "Mazinger y otros poemas" este martes 14 de enero en Espacio Estravagario.

Rodrigo Zúñiga (Santiago, 1974) es poeta, escritor y filósofo. Se ha desempeñado como académico de la Facultad de Artes desde hace veinte años publicando diversos textos.

Rodrigo Zúñiga (Santiago, 1974) es poeta, escritor y filósofo. Se ha desempeñado como académico de la Facultad de Artes desde hace veinte años publicando diversos textos.

Publicada por Ediciones Filacteria, su segunda producción de poemas contempla tres piezas tituladas "El deshielo", "Ardió" y "Mazinger", las cuales transitan por la infancia, la dictadura y los dibujos animados, respectivamente. La presentación del libro será en Espacio Estravagario y estará a cargo de los escritores Francisco Marín Maritelli y Enrique Winter.

Mazinger y otros poemas es el segundo poemario de Rodrigo Zúñiga, escritor, filósofo y académico del Depto. de Teoría de las Artes de la Facultad de Artes. Se trata de un libro publicado por Ediciones Filacteria que tendrá su lanzamiento este próximo martes 14 de enero en Espacio Estravagario de la Fundación Neruda, en Providencia.

Esta nueva producción -que será presentada junto a El delirio de Alberto Cecereu por los escritores Francisco Marín Maritelli y Enrique Winter- contiene tres poemas, denominados El deshielo, Ardió y Mazinger, los cuales hacen un recorrido por paradigmas de la vida del escritor como la infancia, la dictadura y los dibujos animados de la época.

  • ¿Cómo se construye Mazinger y otros poemas en términos personales, pero también desde la perspectiva histórica?

Me gusta decir que se construyó desde las voces. Hay un apartado del poema Mazinger, el primero de hecho, que se llama así, (Las voces). Mi poesía surge desde un fondo sonoro, pero no son sonoridades abstractas, sino frases deshilachadas, perdidas, abruptas, que una vez que aparecen, como flores raras que son, se sedimentan y anclan en mi oído y no me dejan escapar. Las voces no me dan opción: debo escribirlas, transcribirlas, ir con ellas. Creo, como Mallarmé, en la fidelidad a ese enjambre de voces que nos zumban todo el tiempo. Debemos escucharlas, dejarnos escuchar por ellas.

Menciono lo anterior porque es lo único que me permite explicar cómo fui produciendo este libro. Las voces del poema Mazinger son distintas a las de Ardió o El deshielo (los otros poemas del libro). Esas voces cristalizan memorias, ecos, resonancias de otros momentos alojados en mi vida presente. Entonces fueron las voces de Mazinger las que primero me voltearon, pero después, con la nevada de 2017, fueron otras las voces que me empezaron a zumbar de manera infatigable, y otras también las que me asediaron cuando se produjeron una serie de incendios forestales que están en el origen anecdótico del poema Ardió.

En ese sentido, estos poemas no pertenecen a una sola época. Las voces transitan, llevan consigo aires de otras cronologías. En realidad, nada pertenece nunca a una sola época. Acá hay claras referencias históricas, políticas y sociales: 1981, 1983, el proceso plebiscitario, los años ’90, el 2011, el 2017. En todos esos momentos estuvo Mazinger. En todos esos momentos las voces hilaron fino y llegaron de vuelta hasta acá.

  • ¿Qué rol tiene la referencia al robot Mazinger en el libro?

Debiese ser sencillo para mí responder esta pregunta, pero en realidad no lo es en absoluto. Como es lógico, hay una cuestión autobiográfica, generacional: la cultura technicolor, la golosina de los dibujos animados, sobre un fondo oscuro tétrico, pero, no hay que olvidarlo, matizado por esta cotidianidad encantadora para los niños de entonces.

Mazinger, en cierto modo, es lo que se llamaría un “objeto transicional”. O mejor, una imagen paradigmática plenipotenciaria. Es un robot poderoso en una tierra de traiciones y desafíos. Es también, sin embargo, una especie de prótesis imaginaria, un punto de apoyo para una masculinidad en ciernes, que no deja de cuestionarse cosas y de temerlas. Al fin y al cabo, Mazinger va metamorfoseándose en el poema, no es nada concreto, es un fantasma voluble para un niño en estado de frenesí, que es también, ahora, un adulto que nunca dejó de creer en aquel Mazinger de sus primeros años y que lo sigue buscando por todas partes, para que lo ayude a seguir en pie. Por supuesto, me di cuenta de todo eso mucho después, re-leyendo el poema y conversando con algunos amigos lectores.

El hablante, la voz adulta, sospecha también que Mazinger no tiene los poderes que había supuesto. Es eso quizá lo que desencadena la escritura del poema y su tono. Por eso, creo yo, el hablante cambia de nombres de manera recurrente (es Mazinger, pero también Luke, Ultraman, etc.). En cierto modo, Mazinger se convierte en la partición misma entre la fantasía del poder y la más terrible angustia y desamparo. Esto no fue algo que yo hubiera pretendido desde el inicio. En ese caso, jamás hubiera podido escribir el poema. Simplemente caí en el embrujo de la palabra “Mazinger”, con toda la fascinación de las remembranzas que ese nombre arrastraba consigo y que me llevaba hacia espesuras íntimas (y colectivas también) que yo no había alcanzado a advertir.
Por eso, yo digo ¿quién sea Mazinger, en definitiva? Queda a los lectores averiguarlo.

  • ¿Cómo se relacionan tres poemas que transitan por paradigmas como la infancia, la dictadura y los dibujos animados? ¿Cómo se vinculan con el imaginario colectivo?

Yo no sé si dejamos de ser niños alguna vez. No sé si franqueamos definitivamente el umbral que da paso a la adultez. Supongo que los poetas, ya sé que es un cliché, viven atados a reminiscencias difíciles de sortear (o amedrentados por ellas…). Desde esa perspectiva, esas tres nociones, infancia-dictadura-dibujos animados, nos conducen de inmediato a una referencia precisa: el Chile de los ’70 y los ’80. Con el peso infame de la televisión (infame pero liberador, en cierto modo: ¿hay algo más terrible que eso?), Chile nunca sorteó totalmente el paso a la “madurez democrática” y vivió una de las peores versiones de la infancia colectiva, la farsesca y excluyente. Sigo sosteniendo que no hemos resuelto de ninguna manera nuestra relación como país con el difícil formato de la televisión. Es una discusión que siempre tiramos al córner. Nos da miedo enfrentarla. Nos aterra mirarnos al espejo de los últimos cuarenta años y ver lo que éste nos devuelve. Preferimos la fuga a lo digital, de una, disparados al infinito. Somos todavía presa fácil de las ilusiones catódicas (o digitales, claro está).

  • Finalmente, a la luz del contexto actual, ¿qué le significa presentar el libro en un periodo marcado por las intensas manifestaciones sociales?

Cuando escribí estos poemas nada de esto se podía prever de buenas a primeras. Era un Chile aletargado, aun considerando toda la conmoción provocada por los movimientos de 2006 y 2011. Cuando empezó este sismo social, pensé en Ardió: “Por todo Santiago la humareda. / Esto parece un vaticinio.” Obviamente me asombré de esta coincidencia. Ahora bien, si uno se da el trabajo de leer detenidamente El deshielo, escrito en 2017, de inmediato se da cuenta de que lo que ocurrió en octubre de 2019 tarde o temprano iba a ocurrir, en esa fecha o en otra: estuvimos todo el tiempo encima del volcán. Ahora muchos se visten de inocentes. Son los mismos que preparan su contraofensiva conservadora a una magnitud escalofriante, y que de hecho la están ejecutando a vista y paciencia de todo el país desde hace ya varias semanas. Es mi esperanza que este “deshielo” del que salimos en octubre, tras una larguísima hibernación forzada, nos traiga alas para un nuevo Chile en el que todos sumemos nuestras mejores energías y nuestro anhelo de vivir juntos, y no ocurra como en el poema, cuyos versos finales hablan del “paso fugaz de un recuerdo que/ a nadie importará mañana”. Si a eso nos encaminamos, esta bella coincidencia de la aparición de mi poemario con las manifestaciones sociales anti-neoliberales no dejará de ser una anécdota, pero que tendré para mí como de lo más digno de atesorar.

Rodrigo Zúñiga (Santiago, 1974) es poeta, escritor y filósofo. Se ha desempeñado como académico de la Facultad de Artes desde hace veinte años publicando diversos textos entre los que destacan ensayos, artículos y libros de artes visuales, música y estética contemporánea, tanto en Chile como en el extranjero.

Coordenadas

El lanzamiento de Mazinger y otros poemas se realizará el próximo martes 14 de enero a las 18:30 horas en Espacio Estravagario de la Fundación Neruda, ubicado en Fernando Márquez de la Plata 0160, Providencia.

Nadia Iturriaga Guerrero / periodista Facultad de Artes. Fotografías: gentileza Ediciones Filacteria y profesor Rodrigo Zúñiga.

Miércoles 8 de enero de 2020

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