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Facultad de Artes

Paola Parcerisa, estudiante del Magíster en Artes Visuales:

"Bandera Vacía" en la Bienal de Venecia

El trabajo de la artista paraguaya, hoy pertenece a la colección del Museo del Barro en Asunción, Paraguay.

El trabajo de la artista paraguaya, hoy pertenece a la colección del Museo del Barro en Asunción, Paraguay.

 Trabajar desde la extranjería en la bandera es algo así como el último territorio posible que yo podía intervenir de mi patria , señala la artista que ya lleva más de dos años en Chile.

"Trabajar desde la extranjería en la bandera es algo así como el último territorio posible que yo podía intervenir de mi patria", señala la artista que ya lleva más de dos años en Chile.

 Bandera Vacía , según cuenta Paola, no ha dejado indiferente a nadie:  desde rechazo absoluto hasta dolor , especifica.

"Bandera Vacía", según cuenta Paola, no ha dejado indiferente a nadie: "desde rechazo absoluto hasta dolor", especifica.

Documentos adjuntos
Extracto del texto que Rodrigo Zúñiga preparó para esta obra.

Paola Parcerisa, estudiante del Magíster en Artes Visuales, viene llegando de la Bienal de Venecia. Este año, la presencia latinoamericana está atravesada por la territorialidad y una de sus obras, que comenzó en el taller de Gonzalo Díaz, terminó en el Palazzo Zenobio, concretizado en "Bandera Vacía".

Esta joven mujer paraguaya llegó a nuestro país hace poco más de dos años. Un cambio abrupto que hizo que en cerca de 15 días vendiera sus cosas, arrendara su casa en Paraguay, encontrara colegio para sus dos hijos y llegara a Santiago sin mayores planes que organizar su nuevo hogar. En eso estaba, cuando a los pocos días recibió la visita de Ticio Escobar, quien junto a Nury González, la convencieron para entrar a estudiar al Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile.

Allí, una vez climatizada, comenzó a trabajar en la obra que hoy está representando a Paraguay en la Bienal de Venecia y que pertenece al Museo del Barro en Asunción, la capital de su país natal. Sobre sus inicios en ese trabajo, Paola señala que "fue súper fuerte porque (Gonzalo Díaz, en su taller) nos hizo trabajar con el Código Civil chileno, lo que me hizo sentir absolutamente extranjera y fue un choque muy fuerte. Seguí trabajando con el tema desde mi propia migración, desde mi propia condición de migrante y desde la propia condición de migrante de Latinoamérica".

La temática de su trabajo hizo que calzara perfectamente con el hilo conductor que este año atraviesa la presencia latinoamericana en la Bienal de Venecia. Bajo esas condiciones se atrevió -"en la primera convocatoria a mí me acobardaron las condiciones porque yo sabía que mi país no iba responder por lo que significa el costo de estar en la Bienal", agrega Paola- y envió un texto correspondiente a su pre tesis del Magíster en el que daba cuenta de su trabajo. Al poco tiempo, recibió la invitación de Irma Arestizabal, curadora del pabellón latinoamericano, para representar a Paraguay en este evento.

Tres semanas estuvo en su país intentando reunir el dinero para poder viajar a la Bienal -la no despreciable suma de 6 mil euros- y regresó a Chile sin lograr su objetivo. En nuestro país continuó con su tarea titánica y con ayuda de sus amigos reunió parte del dinero que necesitaba. Así, una amiga y compañera del Magíster ofreció su taller para realizar un remate de arte, donde el 10 por ciento de las ventas eran "pro Venecia" y comenzó, entre otras cosas, una venta por Internet que fue todo un éxito.

Paola Parcerisa llegó hasta la Bienal de Venecia y su obra hoy está instalada en el Palazzo Zenobio, y en el catálogo, un texto de Rodrigo Zúñiga, académico de la Facultad de Artes, acompaña a su "Bandera Vacía".

-¿Cómo fue la experiencia de participar en la Bienal de Venecia?

-La verdad es que fue maravillosa. Había estado antes en la Bienal de Venecia pero como espectadora, como amiga acompañante de artistas paraguayos que estaban exponiendo, pero irte como artista es genial, es totalmente otra la visión y la experiencia. La experiencia con los otros artistas latinoamericano fue súper enriquecedora, tanto es así que seguimos manteniendo discusiones sobre ciertos asuntos vía mail, seguimos conversando sobre ciertas cosas. Con respecto al fogueo de mi trabajo en esa plataforma, fue súper satisfactoria. Muchos artistas europeos pidiéndome referencias, pidiéndome página web y yo decía "guau, realmente les tocó". Además, la oportunidad profesional es genial. Me han salido ahora exposiciones para el año que viene Europa, que yo creo que, si no hubiese estado allá, no se hubiera dado la oportunidad.

-Tu obra "Bandera Vacía", ¿fue hecha para la Bienal o vienes trabajando en ella desde hace un tiempo?

-Es una obra que empecé a trabajar el año pasado. Comencé a trabajar el tema de la bandera desde el taller del Magíster que teníamos con Gonzalo Díaz. Entonces trabajé una obra que estuvo en la exposición del Magíster acá en el Museo de Arte Contemporáneo y después seguí trabajando el tema con Pablo Rivera y luego en el taller con Arturo Duclos. Como era un tema que no estaba agotado, seguí trabajando y salió el tema de la "Bandera Vacía". Como la convocatoria a la Bienal en el tema de Paraguay fue bastante diferente a lo que es en el resto de Latinoamérica -por razones políticas de allá-, la convocatoria se hizo abierta a los artistas y la elección del artista la hizo Irma Arestizabal, la curadora del pabellón latinoamericano, directamente desde la Bienal. Mandé un montón de cosas, entre ellas un ensayo que había escrito, la pre tesis donde había un análisis de lo que yo venía haciendo y acto seguido recibo la carta de invitación de Irma porque justamente el tema que estaban encarando era sobre territorios en Latinoamérica y en mi obra de Paraguay estaba trabajando justamente sobre los territorios simbólicos.

-¿Cómo llegaste a una bandera vacía?

-Tiene que ver con el proceso que yo trabajé, de la apropiación de los distintos signos, del color de los otros países. Lo que hice fue trabajar con la superposición de color como si fuera un maquillaje en la primera obra que se llamaba "Soberanía". En una segunda obra que trabajé con Arturo Duclos, me ocupé del sentido contrario: si en una fue ir agregando color como si fuera maquillaje a la bandera, que es realmente el signo identificatorio más fuerte para el extranjero que está lejos de su patria, en esta segunda obra lo que hice fue justamente trabajar el descolorido. Cada bandera, a partir del segundo o tercer paso de degradación, era como un híbrido. Podía ser una bandera de cualquier lado. Otra obra que hice fue directamente trabajar la bandera de gala de mi país, pero toda blanca, con el bordado también con hilos de seda blancos y simplemente las letras de uno de los escudos -que dice Paz y Justicia- en dorado. Para mí es descarnar la bandera y dejar la costura como un recuerdo de lo que pudo haber sido, también como signo de una frontera sin sentido, pero a la vez como rastro de ese corte que es muy fuerte. Por otro lado, lo que hice fue trabajar los escudos de la bandera porque la bandera paraguaya es la única del mundo que tiene dos escudos. Trabajé esos escudos, bordándolos con una puntada especial -expresionista-, sin seguir ningún punto. Esta obra tiene todo el sentido de construir amorosamente el signo de tu patria desde la melancolía del recuerdo, pero también desde el dolor romántico de la institución perdida.

-Esas reflexiones en torno a tu trabajo, ¿tiene que ver con tu historia reciente de inmigrante?

-Yo creo que tiene que ver también con eso. Con el potencial político que tienen ciertos problemas que no están resueltos en ese colectivo social y que en la mayoría de las veces me toca personalmente. Mucho de lo que siempre hice fue intervenir en ciertos espacios que tenían un carácter simbólico colectivo dentro de la historia y sobre todo dentro de la ciudadanía. Trabajar desde la extranjería en la bandera es algo así como el último territorio posible que yo podía intervenir de mi patria. En ese sentido, la intervención a la bandera tiene ese sentido para mí, desde mi condición de migrante y desde el trabajo que he llevado a cabo.

-¿Qué opiniones has recibido sobre "Bandera Vacía" de tus compatriotas?

Me sorprendió mucho. No le es indiferente a la gente. Desde rechazo absoluto hasta dolor. Lo que pasa es que es un tema muy actual y muy doloroso para los paraguayos. Digamos que es un reflejo de algo que estamos sintiendo con respecto a nuestro país. Lo que a mí me impresiona es la capacidad de "no, no podemos apoyar esto porque es una malísima propaganda de lo que es el país" o "esto tiene que estar allá porque esto refleja lo que nosotros sentimos y lo que somos en realidad y es una manera de que el mundo sepa lo que estamos sufriendo acá". Estando allá, los otros artistas latinoamericanos me decían que eso no debía haberlo hecho sólo con mi bandera, lo que no sabían era que Irma me pidió que trabajara sólo con mi bandera porque no era políticamente correcto que yo interviniera las banderas de los otros países que estaban presentes en el mismo pabellón. Es más, tuve que pedir permiso a la Embajada Paraguaya en Roma para poder poner la bandera intervenida. Los artistas y los embajadores que fueron a la inauguración decían que no estaba hablando de los problemas de mi país sino de un problema que tenemos todos los países latinoamericanos y lo tomaban de distinta manera. Hablaban sobre todo del problema cultural, de la invasión cultural que teníamos como países, y de cómo nos desalojábamos de lo que éramos nosotros mismos.

-¿Esperabas que tu trabajo impactara de esa forma?

-No, la verdad es que yo no lo esperaba. No es un trabajo descomunal, ni grande. No tiene las condiciones de impacto, ni efectistas, ni en tamaño, ni de destreza, ni de tecnología que tienen cientos de obras que están en la Bienal. Al contrario, es totalmente económica en todo sentido. Es sintético, mínimo. Es más, estaba la lado de unas fotografías preciosas y súper barrocas y yo decía, "se la va a comer" y al contrario, la gente me decía que era el silencio, que era mucho más fuerte porque al lado de eso tan barroco, la bandera era todo lo contrario, era el silencio que gritaba más fuerte.

Paola Parcerisa ya está en Chile y no sabe hasta cuando. Por el momento, prepara los trabajos que presentará en Europa y está muy cerca de ser Magíster en Artes Visuales. "Bandera Vacía", en tanto, está en Venecia y hoy forma parte de la colección del Museo del Barro de Asunción, Paraguay.

Texto: Isis Díaz L./ Periodista Facultad de Artes
Fotografías: Cortesía Paola Parcerisa

Martes 17 de julio de 2007

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