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Facultad de Artes

Arturo Cariceo: "Mi papel es ser abierto de mente"

Conversamos con el académico y artista Arturo Cariceo sobre la segunda versión de la Cátedra Domingo Sánchez Blanco, taller-laboratorio que forma parte de la carrera de artes visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. En esta entrevista nos cuenta detalles, no sólo de este ramo, sino también de su prolífico trabajo.

Primero que todo, ¿cómo surgió la idea de realizar la Cátedra Domingo Sánchez Blanco?

De muchas maneras, todas como una consecuencia lógica de entender el ámbito docente como una extensión de mi labor artística. Por un lado, cuando la Universidad de Chile me distinguió como mejor docente; el mismo año cuando, por otro lado, invité a mis estudiantes a experimentar la docencia sin disponer un lugar físico estable. Esto fue algo tan intenso como conocer la obra de Domingo Sánchez Blanco en esa misma temporada académica...mi papel es ser abierto de mente.

¿Cuáles son las características que hacen tan particular esta cátedra?

Por coincidencia, o por lo que sea, la ventana y el punto de partida de la cátedra fue incursionar en las contradicciones del arte chileno desestimando el clientelismo de la institucionalidad cultural y la conocida endogamia de nuestro circuito artístico. Cada integrante incursiona a su propio modo en lo que nos reúne y motiva -el deseo por el arte- mediante proyectos que puedan mantener el interés personal. A través de un hacer que, por descabellado que parezca, responda a una inquebrantable voluntad de investigación artística y absoluta libertad, entendiendo el arte sin límites formales y temáticos; que lo planeado te complazca y consienta como artista. 

¿Existen diferencias entre el contenido de la cátedra de este año en relación a su primera versión?

La cátedra es un proyecto demencialmente complejo en lo particular, porque lo que está pasando por la cabeza de cada integrante tiende puentes creativos tan impensados, que cada temporada supone cosas que involucran un mayor compromiso con la propia libertad creativa, con los efectos directos o indirectos del capital cultural y por todo lo que nos pasa en la vida. Por lo mismo, con respecto a los contenidos, cada temporada es única.

¿Por qué llamar a esta cátedra Domingo Sánchez Blanco?

Cuando manifesté que quería llamar así a mis clases no le quedó muy claro a nadie. Los estudiantes lo entendieron como una decisión antojadiza y me dejaron ser siguiéndome el juego para ver hasta dónde llegaba. Lo mismo ocurrió en el ámbito académico y colegas en general, lo que me causaba mucha risa. Dentro de este proceso, al mismo Domingo le resultaba curiosa mi decisión. En resumen, no fue aceptado de buenas a primeras pero, aparte de ser una cosa bastante difícil de asumir -sobre todo cuando pavimentas una carrera académica-, me pareció fantástico tener bajo control una buena idea incursionando en una colaboración radical con el talentoso artista salmantino, a quien respeto muchísimo. Y bajo un "efecto-firma", cuya bocanada es más caústica que las cátedras apellidadas Marx o Foucault.

Dentro del escenario de las artes visuales, ¿qué quieres lograr con el enfoque de esta cátedra?

De alguna manera, tomar nota de todas las cosas que he aprendido a través de, si no recuerdo mal, un poco más de dos décadas enseñando artes visuales y concebir un lugar en la academia donde encajar con camadería creativa los problemas del arte contemporáneo. Sin obviar nuestra diversidad de ser personas muy diferente con gustos muy distintos en un mismo metro cuadrado.

¿Cómo fue la experiencia de la Cátedra Domingo Sánchez Blanco el año pasado y cuáles son tus expectativas para este año, tanto en la cátedra como en las distintas iniciativas que de ella resultan?

Paso saltando en un montón de ideas que tengo en la cabeza. Lanzamos hace poco "Estoy enloqueciendo lentamente", un compilado de once volúmenes con experiencias sonoras de integrantes de la cátedra, además de inaugurar el sitio electrónico de Domingo Sánchez Blanco.

Ahora viene el libro de rigor con todo lo que ha sucedido en estos dos años. Como estoy acostumbrado a dejar todo en el aula, la expectativa siempre será la búsqueda de formas creativas al darnos a entender, ya sea desde mi vereda como artista-profesor y, por la del frente, la de los estudiantes con ganas de darse el gusto de artista. Además de asumir la razón de ser de todo lo que hacemos y deseamos con rigor y sin melancolía. Tienes que estar contento con lo que tú hagas, a pesar de todo, evidentemente, siendo crítico.

¿Cómo se hizo el montaje de las exposiciones?

Primero, yo no improviso. Eso se logra con la práctica. Abundan jóvenes que montan exposiciones, intervienen espacios públicos o hacen clases con creatividad y sin miedo, pero sin las competencias del caso; lo que no es divertido, porque actuar sin conocimiento de causa es como terminar cayendo de un edificio de 30 pisos, junto a todos los que involucraste. Y eso no lo podemos dejar pasar en la cátedra.

Por eso todos tienen que saber cómo exhibir y gestionar su propia obra y en eso estamos. Sea en la calle, en tu casa, en un lugar prestado o propio, con apoyo estatal o privado, sólo o acompañado. Incluso, hay que saber qué hacer durante esos verdaderos rituales llamados montaje y desmontaje. O las inauguraciones, donde en una oportunidad contamos con la participación en directo desde Dublín (Irlanda) del prestigioso DJFassman.

¿En qué consistió el lanzamiento de la página web de Domingo Sánchez Blanco?

Lo del sitio electrónico era algo pendiente y urgente para dar cuenta de lo cojonudo que es Domingo, y que "no se anda con chicas".

¿Cómo ves el estado actual de las artes visuales a nivel nacional e internacional?

Como artista y académico quiero tratar de averiguar qué pasa con nuestras artes visuales. Para eso hay que mirar las cosas desde muchos lados, incluso desde el lugar menos pensado. Cuando decides entrar en terreno lo que más te impacta es la mamonería. Apesta, más aún cuando lo maletero es su "valor" agregado. De consagrados a emergentes, de estudiantes a profesores, de líderes a militantes, de superficiales a densos, de transgresores a tradicionales, etc, etc, etc. Ahí es cuando las cosas comienzan a tornarse peligrosas porque se reduce el arte a terapia o medio para otros fines. Más aún cuando los talleres son reducidos descaradamente a la profilaxis de las aulas con "sillas calientes" y "profesores-taxis". La verdad es que para mejorar nuestro desarrollo internacional no hay que rasgar vestiduras o volverse loco mirando tan lejos, basta estudiar el interesante panorama artístico desarrollado por nuestros pares en Latinoamérica.

Comunicaciones DIREX

Jueves 3 de noviembre de 2011

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