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María José Contreras, directora de Remite Santos Dumont:

"Me interesa indagar cómo el cuerpo se convierte en un instrumento de expresión"

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"Remite Santos Dumont" está basada en cartas que nunca llegaron a destino. Escritas por los pacientes que residieron en la antigua Casa de Orates de Santiago entre los años 1900 y 1930, estas cartas fueron encontradas casi un siglo después. La Compañía Teatro de Patio, compuesta en su mayoría por egresados del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile y dirigida por María José Contreras, académica de este departamento, se abocó a traducir este universo al lenguaje teatral. El resultado es una obra notable, retrato no sólo de la locura sino también del abandono, la soledad y el desamor.

Remite Santos Dumont es una ventana abierta hacia la locura. Un testimonio no sólo de la insanidad, sino también de la soledad, el abandono y el desamor que la acompañan. Poéticamente realizada, la obra está llena de simbolismos, sumergiéndose en significados que van más allá de lo literal y lo expresable a través de las palabras. Este montaje teatral habla así desde distintos frentes: desde el lenguaje del cuerpo, del espacio en su transformación constante y del universo sonoro propuesto, conmoviendo y envolviendo al espectador en su atmósfera particular.

Durante la obra, el personaje de Carolina canta. Su voz llena el espacio y lo carga de emotividad, convirtiéndose este canto en un poderoso canal de transmisión de sentimientos. La canción, que está en italiano, dice: "Había amado tanto / ahora es vieja / y no tiene sentimiento por nada / esta noche / espera un encuentro / con un ser cualquiera / sobre la faz de la tierra". María José Contreras, directora de la obra, realizó sus estudios de actuación en Bolonia, Italia, país donde también se doctoró. Sobre este pasaje musical, comenta: "Es una canción que aprendí en Italia y siempre me conmovió por su musicalidad y su contenido. Cuando empezamos a trabajar sobre la casa de orates, además de la locura emergió el tema del abandono y la soledad... la mayoría de las cartas hablan de eso, por lo que quise poner la canción que me parecía retrataba muy bien ese sentimiento de abandono que contenían las cartas".

Si bien el material epistolar en que se basa Remite Santos Dumont fue silenciado por el hecho de que estas cartas nunca llegaron a los destinatarios para los cuales fueron escritas, en cada una de sus funciones la Compañía Teatro de Patio realiza la operación de revivirlas en su narración puesta en acto, permitiendo así que lleguen, simbólicamente, a destino.

¿Cómo surge el proyecto de Remite Santos Dumont?

El proyecto de Remite Santos Dumont surge por el interés en este material tan misterioso como son las cartas. Yo sabía de la existencia de estas cartas que databan del 1900-1930 y que se habían encontrado recién en el año 2000. El hallazgo de las cartas era ya teatral! ¿Qué hacían esas cartas allí? ¿Cómo sobrevivieron todos esos años? ¿Por qué fueron encontradas en ese determinado momento histórico? ¿Alguien guardó las cartas o permanecieron olvidadas entre tanto papeleo? Después al leer las cartas, que están recopiladas en el libro "Cartas desde la Casa de Orates", editado por Angélica Lavín, ex doctora del Instituto Psiquiátrico, y publicado por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), nos dimos cuenta de lo fascinante del material. Por un lado era un retrato de la locura, pero también tocaba temas tan universales como la soledad, el abandono, el desamor... Había algo también muy atractivo en las formas de escritura de las cartas, que a veces deconstruían la gramática hasta el punto que hay fragmentos que no se entienden para nada! Se nos planteaba entonces un desafío interesante de cómo traducir todo eso a una puesta en escena.

¿Por qué es importante para ti como directora hacer una recuperación de este fragmento olvidado de la historia?

Por varias razones. En primer lugar porque me llega hondo el sentimiento con que fueron escritas las cartas. Cada carta tiene un destinatario, era para alguien en particular. Y me conmueve que estas cartas nunca llegaron a destino, el destinatario nunca las escuchó. Como dice el prólogo del libro que las recopila es como un mensaje en la botella tirado al mar... que se recuperó casi un siglo después. Así es que la primera motivación tiene que ver con hacer el gesto simbólico de narrar estas cartas... para que lleguen, finalmente, a su destino. Otra motivación importante tiene que ver con que las cartas son fragmentos de historia, de la historia privada e íntima de las personas. Sabemos del Chile de esa época por documentos oficiales pero estos documentos contienen un saber, una mirada, vivencias que no pertenecen a la voz oficial de la historia, son las voces de quienes fueron marginados pero que sin embrago tienen, desde mi punto de vista, una mirada muy interesante sobre la época que les tocó vivir.

En el comienzo de la obra, hay una delimitación clara del espacio a nivel del suelo, el cual se divide en un piso con forma de rombo rodeado de arena. Al final de la obra en cambio, la arena ha penetrado en la anterior superficie pulcra. ¿Tiene esto algo que ver con un desdibujamiento de los límites entre locura y cordura?

Esa delimitación que se va borrando a medida que los personajes transitan por el espacio es una metáfora de varias cosas. Por un lado, como dices tú, del desdibujamiento de los límites entre la locura y la cordura, pero también tiene que ver con el lábil del límite entre lo privado y lo público. Las cartas son privadas, por definición el material epistolar pertenece al ámbito de lo privado, y la obra en algún sentido "viola" ese límite, lo desdibuja haciendo públicas las vivencias que de otra forma hubieran quedado resguardadas en el ámbito de lo privado.
Por último tiene que ver también con uno de los temas que articula la obra que son las formas de escritura, las huellas. Las cartas son huellas de un momento, huellas que van quedando plasmadas en el aserrín... cada movimiento no es inocuo... va dejando una huella, va escribiendo una historia. Al principio de la obra el espacio es virgen de tránsitos y desplazamientos... al final está marcado por las huellas, escrito como una carta, por los movimientos de los actores.

La obra está llena de simbolismos. En ese sentido, ¿qué significan los movimientos ralentizados de los actores y cuál es el valor de la repetición?

Eso tiene que ver con el lenguaje corporal que tratamos de instaurar en la obra. Nuestro material original, las cartas, tenían tantos aspectos distintos: en una misma carta habían pasajes de extrema lucidez e inmediatamente a continuación párrafos delirantes, completamente enajenados. El lenguaje corporal de Remite Santos Dumont intenta recuperar estos distintos estados de las cartas: el cuerpo a veces parece cotidiano, otras veces se enajena (por ejemplo a través de la repetición o los movimientos ralentizados). A veces los cuerpos de los actores están en una misma tecla (energética, rítmica y/o de velocidad) y eso les permite comunicarse y a veces los cuerpos se retraen a ritmos y energías propias, cosa que en la puesta en escena simboliza la incapacidad de "entrar en contacto".

Cuando fuimos al psiquiátrico constatamos que los movimientos de los pacientes están marcados por las repeticiones, los gestos repetitivos que se hacen casi en automático. La velocidad de los movimientos en el psiquiátrico también es particular... no necesariamente más lenta pero seguramente no cotidiana... En ese sentido la idea que tenía como directora después coincidió también con la realidad de las personas que sufren trastornos mentales.

Tomar un tema de esta naturaleza para convertirlo en obra teatral puede presentar muchos problemas ¿qué fue lo más difícil de lograr?

Como todo proceso de traducción hay que hacer una selección. Nunca pretendimos poner en escena todas las cartas, o todos los aspectos de las cartas... esto sería un objetivo muy ingenuo porque no se puede. Es como cuando se traduce un libro en una película: el resultado es otra obra... no puede pretender ser equivalente al original. Así es que el mayor problema, pero también lo más bonito del proceso, fue elegir qué aspecto de las cartas nos interesaba mostrar, qué fragmentos de las cartas, qué sentimientos. En este sentido las cartas pasaron por nosotros, por nuestros cuerpos antes de ser mostradas al público... nos apropiamos de algunas cosas de las cartas, y fuimos configurando lo que nos hacía sentido a nosotros sobre el material. Técnicamente tal vez lo más difícil fue poder ilustrar con los cuerpos y el movimiento el modo tan idiosincrático de escritura de las cartas... en esto nos rompimos harto la cabeza.

Como directora, ¿qué valor le otorgas al trabajo corporal de tus actores como un modo distinto de significar, más allá de las palabras?

Eso tiene que ver con el tipo de teatro que me gusta hacer a mi, con mi formación teatral, con lo que me interesa. Más que la palabra transpuesta en escena me interesa indagar justamente cómo el cuerpo se convierte en un instrumento de expresión... y con esto no me refiero sólo a los gestos o la pantomima, sino que a cómo puedo modelar los cuerpos a través del movimiento para crear sentimientos, atmósferas, determinadas percepciones en el espectador. Mi tesis de doctorado tiene que ver con eso... con un tipo de comunicación que no pasa por la palabra sino que sucede directamente entre los cuerpos. Mi trabajo de investigación y de dirección tiene que ver con cómo poder fomentar esa comunicación que no prescinde de la palabra pero en algún sentido recorre otros flujos. "Remite Santos Dumont", así como las otras obras que dirigí en Italia, tienen que ver con esa pregunta que, bueno, todavía no resuelvo! Pero eso es lo "experimental" de la puesta, tiene que ver con esa pregunta.

La música está muy presente en Remite, desde ejecuciones musicales en vivo hasta el sonido ambiente de gotas de agua que caen constantemente. ¿Qué importancia tiene el universo sonoro en esta obra?

Uf! Toda la importancia...cuando hablo de cuerpo hablo del cuerpo que emite sonidos, del cuerpo que atraviesa espacios, del cuerpo que resuena...en ese sentido el universo sonoro de la obra pretende justamente envolver el cuerpo del espectador, dejarlo sentir por otros canales más allá del visivo. Por ejemplo las goteras, que fueron una propuesta del diseñador Felipe Olivares, tienen que ver con un ritmo que es siempre igual, pero también con la precariedad de la casa de orates donde todo era escaso y pobre. El sonido de las goteras es fundamental porque genera un ritmo y a la vez una metáfora de la pobreza, del abandono.

Como compañía visitaron varias veces el Instituto Psiquiátrico para utilizar posteriormente esas observaciones en la puesta en escena. ¿Podrías hablarnos un poco de este proceso de acercamiento e inmersión en un mundo que la sociedad a veces ni siquiera considera?

Bueno la verdad es que fue muy importante. Llevábamos varios meses trabajando cuando empezamos a ir al psiquiátrico. Fue bonito sobre todo por el encuentro con los pacientes. Creo que más allá de servirnos para ambientarnos en los lugares de la locura, nos sirvió para compartir con personas que sufren estos trastornos. Y de ellos aprendimos harto, humana y artísticamente. Por ejemplo descubrimos que al principio todo parece normal, las relaciones pueden ser muy normales, pero que lo "loco" es que a medida que uno sigue yendo todo se va repitiendo casi como si fuera una partitura: los mismos temas recurrentes, los mismos movimientos, los mismos conflictos... de ahí entonces la idea de la repetición.
Otra cosa que nos conmovió mucho fue cuando una de las pacientes nos dijo "todos estamos aquí por amor". Eso fue una ventana importante para el trabajo porque permitió a los actores vincular la locura de los personajes con temas cercanos como el amor, el desamor... obviamente no es literal en el sentido del amor de pareja pero en algún lugar la locura se cruza con la imposibilidad de amar, con el rechazo por parte de la sociedad, con la marginación, con el abandono. Remite aborda la locura desde allí, desde ese lugar de marginación, desde los sin voz, desde el abandono y la imposibilidad de contactarse con otro.

Remite Santos Dumont

Teatro Lastarria 90
Hasta el 24 de agosto
Funciones: jueves, viernes y sábado 20 hrs. / Domingo: 19:30 hrs.
Entrada general: $4.000 / Estudiantes y Tercera edad: $2.000
Información y reservas: 09-5393713

Dirección: María José Contreras
Elenco: Carlos Aedo, Macarena Béjares, Carla Casali, Javier Ibarra, Andrea Soto.
Iluminación: Rocío Hernández
Vestuario y escenografía: Felipe Olivares

Maira Mora / Periodista Facultad de Artes
Fotografías: Leandro Chávez
 
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